Sergio de Carabias

Sergio de Carabias

viernes, 28 de julio de 2017

Islas Galápagos


     A más de mil kilómetros del continente, en medio del Océano Pacífico, se alzan varias islas sobre el mar nacidas de viejos volcanes; algunas ya cubiertas de verde y otras mostrando todavía pura lava hecha roca.

     En ellas, la evolución ha jugado a moldear criaturas sorprendentes resultado de su adaptación a este entorno único y peculiar. Es tierra de pequeños dragones, tortugas centenarias y aves de mar...














Iguana marina en la isla de Floreana
con su característica coloración rosada.



     Como auténticos tanques acorazados, pastan tranquilas estas enormes herbívoras únicas en el mundo: las tortugas gigantes. Estos pacíficos blindados no disponen de mira telescópica ni brazo lanzamisiles; por contra, su largo y estilizado cuello despunta sobre la hierba siempre atento, alerta.





     Es habitual que estas tortugas gigantes sobrepasen el siglo de edad. Muchas de ellas muestran en sus arrugas los muchos años que llevan soportando sol y lluvia a ras de suelo.





     Las ramas del manglar son el lugar idóneo para el reposo y descanso de muchas aves marinas, como los pelícanos.


Pelícano posado sobre Mangle Rojo.



     Y, cómo no, también, las Islas Galápagos son la cuna de los Pinzones de Darwin, conocidos globalmente por ejemplificar perfectamente la Teoría de la Evolución por la cual todos los seres vivos descendemos de un mismo ancestro común. Así es como estas avecillas, simpáticas y de gráciles movimientos, han desarrollado distintos picos según sus dietas alimenticias dando lugar a varias especies.


Pinzón terrestre
con su pico ancho y corto.



Pinzón de cactus juvenil
con su pico alargado y puntiagudo.







viernes, 3 de febrero de 2017

El pajarito de mi abuela Amparito



Mi abuela Amparito
tiene un pajarito
que cada mañana canta
pío, pío, pío.

Es un canario muy lindo
de color amarillo,
esbelto, de cuerpo fino
y melodioso trino.

Pío, pío, pío
canta cada mañana
el pajarito que tiene
  mi abuela Amparito.


lunes, 30 de enero de 2017

NO A LA CAZA


    Recientemente, un cazador ha matado a dos agentes rurales en Aspa (Lleida) cuando le solicitaban indentificación y licencia. A colación de este hecho, escribí una breve reflexión que aquí comparto:


    La compasión y el respeto humanos empiezan a profesarse con la criatura más diminuta de la Tierra hasta alcanzar a sus semejantes y a uno mismo. Si alguien es capaz de tolerar, e incluso provocar, el sufrimiento en cualquier otra forma de vida, es un peligro para sí mismo y cuantos le rodean. 

    Aquellos que practican la caza por ocio y diversión, silenciando el latir de campos y bosques, destruyendo la vida a su paso, matando por pura "afición", suelen ser individuos mermados, acomplejados, mutilados... que con un arma entre sus manos prueba a disipar sus sombras y carencias.

    La línea que separa el maltrato animal del maltrato a las personas es estrecha y volátil. Prohibir la caza sería la manera perfecta de acabar con una agresividad y violencia que va filtrándose y trepando por otros ámbitos de nuestra sociedad. Para practicar deporte y puntería, sobra derramar cualquier gota de sangre.