Sergio de Carabias

Sergio de Carabias

jueves, 17 de octubre de 2019

La cotorra argentina se hace amiga de nuestros gorriones




De nuevo la cotorra argentina vuelve a ser protagonista en los medios generales de comunicación después de que la actual corporación del Ayuntamiento de Madrid al mando de José Luiz Martínez-Almeida, anunciara la semana pasada que, a partir del otoño de 2020, exterminará casi toda su población en la ciudad (unos 12.000 ejemmplares) con un gasto de cien mil euros.

Entre las muchas causas alegadas, ya de sobra conocidas, destaca el daño económico a infraestructuras y cultivos principalmente que provocan sus hábiles picos y pesados nidos (con riesgo incluido para las personas). Sin embargo, se recurre también a aspectos biológicos que, en palabras del delegado de Medio Ambiente, Borja Carabante, pueden resumirse en "los que vienen de fuera y lo hacen de forma agresiva no deben estar y no tienen el mismo derecho a la vida que tenemos todos".

Efectivamente, una especie exótica invasora incluye en su propia definición ser agresiva y capaz de desplazar a especies autóctonas pero, justamente el motivo de esta publicación es mostrar una perspectiva distinta en la realidad de las cotorras.

Mi experiencia con estos ruidosos loritos verdes se remonta al año 2012 cuando llevé a cabo mi trabajo fin de carrera dirigido por Eduardo de Juana que se tituló: Expansión de la cotorra argentina en la ciudad de Madrid. Los datos que arrojaron aquel censo fueron de 1800 individuos, momento en el que la población estaba en clara expansión. Muchas eran las ideas preconcebidas que yo mismo tenía de las cotorras antes de pasar tantas horas observándolas por motivo del conteo de nidos que me permitió descubrir hechos y comportamientos que jamás había imaginado.


Por ejemplo, siempre había escuchado decir que la cotorra, más fuerte y grande, desplazaba a pajarillos menores que ella como el gorrión cuya población se encuentra en acusada recesión. Entre otras causas se da por hecho la competencia por el alimento y hasta la depredación directa sobre huevos y pollos. Sin embargo, en algunos de los nidos censados descubrí que ¡cotorras y gorriones compartían el mismo nido!

El ejemplo de líneas abajo lo encontré en el distrito de Hortaleza en unos focos que iluminaban unas canchas deportivas en el entorno del polideportivo Luis Aragonés y el Parque Viñuelas. Los gorriones además de merodear el entorno de los focos entraban y salían de algunas oquedades que quedaban en la parte inferior del nido.

Me atrevo a señalar que podemos encontrarnos ante un caso de inquilinismo por el que el gorrión obtiene una clara ventaja de construir su nido a buen resguardo del de la cotorra argentina que, además de ofrecerle un nuevo techo bajo el que nidificar, le protegerá de la llegada de potenciales depredadores como urracas. Mientras tanto, la cotorra, aparentemente, no se ve favorecida ni perjudicada por tal hecho.



Nido de cotorra argentina regentado por gorriones comunes. Año 2013.
Destaca el ejemplar que se encuentra en la esquina superior izquierda del foco sobre el que se asienta el nido.







Otras instantáneas de relativa cercanía y convivencia que conseguí captar fueron junto al pico picapinos y pito real. Resulta fácil también contemplar bandos mixtos de cotorras y palomas que pastan juntas sobre el césped o acuden simultáneamente a comer el pan y otros alimentos que algunas personas les dan.

Cotorra argentina próxima a Pico picapinos.


El mismo caso encontré en los nidos de Casa de Campo que eran compartidos por cotorras, gorriones ¡y cigüeñas!

Nido de cigüeñas en Casa de Campo con la Torre de Madrid al fondo.
Observación de entrada y salida de Cotorra argentina y Gorrión común en la parta baja. Año 2013.


Pito real "al acecho" de una cotorra argentina que pasta tranquila.



Por último, el caso de aparente inquilinismo que más llamó mi atención fue encontrar una paloma zurita en el interior de un nido de cotorra argentina, hemos de suponer casi con total seguridad que abandonado.


Paloma zurita en el interior de un nido abandonado de Cotorra argentina
en el Parque de Aluche


De todo lo anterior deduzco que la presencia de la cotorra argentina en nuestras ciudades ha de estudiarse en profundidad desde un punto de vista propiamente ecológico, analizando a fondo sus interacciones con el resto de seres que lo componen. Cabe preguntarse si la tan señalada Cotorra argentina y acusada de todos los males, no merece mayor atención para incluso, descubrir si no es ella misma y su nicho ecológico el que puede facilitar el crecimiento de las poblaciones de algunas de nuestras aves autóctonas, algunasamenazadas, como el Gorrión común. Hasta aquí mi reflexión.






miércoles, 6 de febrero de 2019

Las iguanas marinas de Galápagos


     El mar empujó a sus ancestros a través de las olas y corrientes arrastrándolas miles de kilómetros desde el continente. Quién sabe si subidas a una plataforma de vegetación flotante o apenas aferradas a un maltrecho pedazo de tronco, pasaron así unos pocos días o muchas semanas, aguantando un sol abrasador en medio del océano hasta llegar a unas islas casi desiertas y poder sentirse a salvo...

     El alivio momentáneo de verse en tierra firme se disipó con una nueva preocupación al comprobar que la vegetación sobre aquellas islas era pobre y escasa. Entonces, hubo algunas iguanas que "decidieron" internarse tierra adentro y, haciendo de tripas corazón, dedicarse a comer los frutos pinchudos de cactus y opuntias. Las otras prefirieron mirar de nuevo al mar y quedarse en la costa, al fin y al cabo, las algas que las mareas bajas dejaban sobre las rocas al descubierto se dejaban comer. No se trató de una decisión rápida con instantáneas consecuencias. Fue un proceso que tomó mucho tiempo, varios miles de años seguramente, en los que las iguanas de Galápagos fueron adaptándose a su nuevo entorno con unas nuevas costumbres diversificándose en distintas especies, únicas en todo el mundo, que hoy en día engloban dos grandes grupos: las iguanas marinas y las iguanas terrestres. 



  Los ancestros de las actuales iguanas marinas llegaron del mar y, tanto les gustó,
 que decidieron quedarse próximas a él.


     Las iguanas marinas son las únicas en el mundo que pueden bucear y alimentarse de algas. Pueden llegar hasta los 12 metros de profundidad y permanecer sumergidas por 60 minutos. Estornudan con frecuencia para deshacerse del exceso de sal que absorben a través de su piel.

Iguana marina recién llegada a la orilla desde mar adentro


     Se ayudan de sus afiladas garras para aferrarse a las rocas bajo el agua y de sus cortantes labios y lengua carnosa para arrancar las algas que crecen adheridas al fondo.



     Como auténticas sierpes oscuras se deslizan por el agua ondulando lateralmente sus largas colas con las extremidades pegadas al cuerpo y la cabeza erguida para poder respirar.




     Se alimentan cada dos o tres días y, al ser animales ectodermos (de sangre fría), regulan su temperatura corporal asoleándose en posición estirada. Las rocas basálticas se sobrecalientan con facilidad convirtiéndose en la superficie idónea sobre la cual descansar. El color oscuro de su piel también juega en favor de la captación de rayos solares.


Como todos los reptiles, las iguanas también mudan la piel
y a esta parece haberle llegado el momento para cambiarse de guantes...


     Existe un marcado dimorfismo entre machos y hembras al alcanzar la madurez sexual. Los machos presentan crestas más afiladas y elevadas y escamas frontales de mayor tamaño que las hembras.


Macho adulto



Hembra adulta



     Viven en colonias por lo que resulta común encontrarlas en grandes grupos.

Grupo de hembras junto a un macho adulto a la derecha.


     Sin embargo, en las primeras etapas de su vida no es posible diferenciar su género con tan sólo observar su apariencia física.

Neonato de iguana marina de Galápagos.



     Se las puede encontrar en todas las islas del archipiélago y, según cuál sea, muestran diferencias de coloración que pueden ser más o menos destacadas. En la isla de Floreana destacan por sus manchas rosadas sobre el fondo oscuro como si se tratara de la misma lava todavía incandescente.


Iguana marina de Floreana



Hembra de iguana marina en Floreana.



Macho (izquierda) y hembra (derecha)
de Iguana marina en la isla de Floreana

Iguana marina en La Española junto a zayapas en el envite de una ola.



     Son unos animales interesantes sumamente atractivos que sin duda han sido inspiración para imaginar dragones y otros seres fantásticos.








     En prácticamente toda la línea de costa en Galápagos las iguanas marinas son omnipresentes. Su confianza y tranquilidad permite acercarse a ellas y fotografiarlas a placer, siempre teniendo en cuenta la regla del Parque Nacional de mantenerse como mínimo a 2 metros de distancia.

El autor junto a una de las protagonistas de hoy.